SITCA reclama más protección frente a un calor extremo que ya no entiende de estaciones

Desde SITCA queremos llamar la atención sobre una realidad que no debemos perder de vista: el estrés térmico es un riesgo laboral y debe prevenirse como tal

El calor ha dejado de ser un fenómeno que podamos asociar exclusivamente a los meses de julio y agosto. Las altas temperaturas se prolongan cada vez más y hacen necesario mantener la atención sobre un riesgo que afecta a toda la población, especialmente a quienes desarrollan trabajos físicos o pasan buena parte de su jornada al aire libre.

Quienes trabajan en la construcción, agricultura, limpieza, mantenimiento, reparto, seguridad o en cualquier otra actividad desarrollada en el exterior pueden estar expuestos durante horas a temperaturas elevadas, radiación solar y esfuerzo físico. A ello se suman, en determinados puestos, la ropa de trabajo, la falta de sombra o unas condiciones de ventilación poco adecuadas.

La combinación de estos factores puede provocar deshidratación, mareos, calambres, agotamiento y pérdida de capacidad de reacción. En los casos más graves, puede producirse un golpe de calor, con consecuencias muy serias para la salud.

Por eso, la prevención no puede depender del calendario. Las empresas deben evaluar los riesgos asociados a las altas temperaturas y adoptar las medidas necesarias para proteger a sus trabajadores.

Adaptar los horarios para evitar las horas de mayor calor, establecer pausas, garantizar el acceso frecuente a agua, disponer de zonas de sombra o descanso, mejorar la ventilación y adaptar los ritmos de trabajo son algunas de las medidas que pueden resultar necesarias dependiendo de cada actividad y de las condiciones existentes.

Cuando las temperaturas alcancen niveles que puedan poner en peligro la salud, también deben contemplarse medidas extraordinarias para evitar que los trabajadores tengan que desarrollar su actividad en condiciones incompatibles con su seguridad.

Desde SITCA queremos insistir en una idea muy sencilla: trabajar con calor no puede convertirse en una prueba de resistencia. La prevención debe anticiparse al problema y no esperar a que aparezcan los primeros síntomas.

El mes de octubre no significa necesariamente que el riesgo haya desaparecido. Las temperaturas elevadas pueden seguir presentes y, ante unas condiciones climáticas que están cambiando, también debemos adaptar nuestra forma de entender la prevención.

La salud de los trabajadores no entiende de estaciones. La prevención tampoco debería hacerlo.